Terapia para la ansiedad en Donostia

Cuando por fuera sigues con tu vida, pero por dentro sientes que no puedes parar

¿Te reconoces en alguna de estas situaciones?

Síntomas

Estado de alerta constante

No es solo estar pendiente de las tareas, es la incapacidad física de desactivar la señal de peligro. Se traduce en un sistema nervioso que no encuentra el botón de pausa, haciendo que incluso los momentos de ocio se sientan como una espera tensa ante algo que está por venir. Se vive en un futuro que todavía no ha sucedido.


Agotamiento

Sostener la productividad a toda costa genera un desgaste invisible. Se cumple con los plazos y las expectativas externas, pero al llegar a casa solo queda un vacío profundo, donde el bienestar emocional se ha sacrificado para que el entorno no note que algo falla.


Rumiación o ruido mental

Los pensamientos no solo fluyen, se enredan en bucles sobre lo que no se hizo o lo que podría salir mal mañana. Ese ruido constante agota más que el trabajo físico, por lo que el mindfulness aquí no es una moda, sino una herramienta para rescatar la atención del futuro y devolverla al presente.


Tensión corporal

El cuerpo suele avisar cuando la mente ya no puede procesar más presión. Esa opresión en el pecho o la rigidez en las cervicales es el lenguaje del estrés acumulado; desde la psicología integrativa, se escucha ese síntoma para entender qué necesita expresar la persona más allá de las palabras.

Porque la música también ayuda a equilibrarnos, recrea tu espacio de calma con esta lista de música

¿Cuándo es un buen momento para pedir ayuda?

No necesitas esperar a que la ansiedad te impida trabajar o salir de casa.

Puede ser suficiente con sentir que llevas demasiado tiempo viviendo en tensión, que tu cabeza no consigue descansar, que estás constantemente preocupado/a, que dormir ya no te permite recuperarte o que empiezas a evitar situaciones que antes afrontabas.

No hace falta esperar a encontrarte al límite para pedir ayuda.